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El valor de las plantas medicinales

A pesar de que los primeros escritos hallados por arqueólogos que se refieren al uso de plantas medicinales datan del año 3.000 antes de Cristo, teniendo en cuenta que la escritura llevaba apenas 500 años de desarrollo, y esto es la historia conocida, podríamos afirmar que el uso de plantas medicinales es casi tan antiguo como el hombre. No solo por efectos farmacológicos precisos, sino el aprovechamiento de las hojas de aloe para las quemaduras, u otras partes de las plantas, han de ser tan antiguas como la propia humanidad.

plantas-medicinales-teEstos primeros escritos, originados dentro de la civilización sumeria, son en realidad recopilaciones de los conocimientos sobre las propiedades curativas de las plantas. Estas tablas de arcilla serían el comienzo de lo que en la actualidad conocemos como fitoterapia.  El uso de las plantas como elementos proveedores de curación se desarrolló y mejoró a lo largo del tiempo, y más allá de que en la actualidad diferenciamos los medicamentos “clásicos” o químicos de los “naturales” o afines a la fitoterapia, son dos concepciones de muy estrecha relación, porque las plantas medicinales que utilizaba el hombre de las cavernas, y que por tradición continuaron usando los proto-químicos medievales, brujos, magos, son las mismas de las que en la actualidad se han sintetizado los elementos curativos o paliativos, y en lugar de crear “pociones” o las llamadas mezclas magistrales que no hace tanto tiempo hacían los farmacéuticos, tenemos pastillas de diferentes tamaños y dosis, colores y sabores para elegir. Debemos reconocer, ya que estamos, el valor de la naturaleza y la importancia de la conservación de ésta y su diversidad para poder seguir adquiriendo conocimiento y elementos de ella. Si destruimos su diversidad, vamos a perder una gran fuente de medicamentos que pueden ayudar a la humanidad.

plantas-medicinales-plantas Por otro lado, también mucha gente decide no utilizar los medicamentos “químicos”, y utilizan directamente las plantas curativas, muchas otras personas no llegan a este extremo, pero los últimos años se han visto marcados por una búsqueda del hombre por una vida sana, natural, con mejor calidad de vida, y para esto se vuelve “a las fuentes”, a la naturaleza. Por todo esto, es importante conocer la información esencial sobre las plantas medicinales que están en la naturaleza, y que pueden estar a nuestro alcance.

Clasificación de las plantas curativas según enfermedades

Muchas veces, vamos a encontrar, en las plantas medicinales, que no se utiliza toda la planta como medicina, sino que se selecciona una parte (la que posee el alcaloide o químico que produce el efecto buscado), se colecta una gran cantidad de éste (dependiendo siempre el uso que se le de, el tiempo de tratamiento, la cantidad de alcaloide presente en la planta, la edad y la contextura física de la persona tratada). En la actualidad, podemos encontrar que se venden ya los extractos o “hierbas” medicinales en farmacias y centros naturistas. Allí aparecen las dosis a utilizar, y los efectos de las hierbas.

Si en un jardín se quieren plantar plantas curativas, se puede observar estos datos, y luego anotarlos para conseguir información sobre las plantas necesarias para los efectos deseados. Por ejemplo, es importante saber si la planta que produce tal o cual efecto es un árbol, o si es típica de zonas tropicales, templadas o desérticas, si es anual o perenne, etc., porque esto va a influir en la conformación del resto del jardín o en la creación de una huerta o jardín de invierno con condiciones controladas para su mejor crecimiento. Las plantas medicinales que se usan desde la antigüedad se clasifican según los síntomas de los enfermos. Por ejemplo, para el empacho se puede hacer té de acelga o de manzanilla, digestivos clásicos son el ajenjo, hojas de Burro, carqueja, éter, Yantén, menta negra, ruda. Muchos de éstos se preparan como té de las hojas: conviene consultar para no excederse en las dosis (cantidad de hojas).

Para los catarros, la fiebre y los resfríos (afecciones principalmente respiratorias) se hacen tes de alfilerillo, de hojas de árbol como el algarrobo. También se pueden hacer vahos con plantas curativas de pehuén (Araucaria araucana), corteza de chañar como infusión, té y vahos de eucalipto, de canelo, orégano, paramelo, palque. Por ejemplo, el té de la flor de Sauco es útil para curar el asma bronquial, enfermedad que cada vez se expande más en la población mundial por el polvillo y los ácaros que se acumulan en alfombras, frazadas y prendas de vestir.

Cabe mencionar en este rubro al laurel y las hojas de níspero, que se preparan las hojas con azúcar quemada, adicionando medio limón, creando un jarabe que se cuela y se usa para la tos. Para el corazón es bueno el cedrón como planta curativa, y un té de lapacho para la circulación sanguínea. Para los piojos, se utilizan hojas de ruda con palo amargo y alcohol, que se pasa por la cabeza: produce un olor bastante llamativo y desagradable, pero es mejor para eliminar y prevenir de estos parásitos que los antipiojos de bajo costo. Como podemos reconocer, más allá de los avances de la industria, y sobre todo en comunidades rurales o alejadas, se siguen utilizando las plantas medicinales, así se hacía en los albores de la humanidad, y se hará por mucho tiempo más.

 
   
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